Empecé a trabajar con 17 años. Fontanero, solador, vendedor de fruta, repartidor de leche, carretillero... y cada curro me enseñó algo.
Con esfuerzo, sabe mejor
¿Te acuerdas de los videojuegos con trucos? Yo tenía el Tomb Raider en la Play 1 y me lo pasé entero, nivel a nivel, muriéndome mil veces. La satisfacción de acabarlo fue B R U T A L.
Un colega se lo pasó con trucos. Vida infinita, todas las armas, todos los niveles desbloqueados. Se lo acabó en una tarde.
Diferencia brutal. Los dos acabaron el juego. Pero solo uno lo disfrutó de verdad.
Mi currículum oculto
Empecé a trabajar con 17 años. Con 17. Cogía 4 autobuses para llegar al curro. Y te voy a hacer un repaso rápido de mi historial:
- Fontanero — Aprendiz, detectando fugas y errores que los oficiales dejaban atrás
- Solador — Poniendo suelos
- Vendedor de fruta — En un mercadillo
- Repartidor de leche — A las 5 de la mañana
- Carretillero — En un almacén
- Mozo de almacén — En lo que luego sería mi gran oportunidad
- Profesor de ajedrez — Sí, también eso
Y así, curro tras curro, hasta llegar a liderar el e-commerce de una de las empresas de cosmética más grandes de España durante 12 años.
La lección
Cada uno de esos trabajos me enseñó algo. La fontanería me enseñó a detectar problemas. El almacén me enseñó logística. La fruta me enseñó a vender. Y todo junto me convirtió en lo que soy hoy.
Nadie podría quitarme una cosa: no haberme esforzado.
El esfuerzo no solo te lleva a conseguir las cosas. Las hace saber mejor cuando las consigues. Como el Tomb Raider — puedes usar trucos, pero no es lo mismo.
De veras que no es lo mismo.




